Ciudad y narrativa
Alison Jusely Gómez Peña. 10-04
Mi mamá mi Ángel
Mi mamá y yo siempre fuimos muy unidas. Mi papá murió cuando yo tenía 10 años y mi hermano 12, así que hemos estado todos muy apegados. Obviamente mi hermano se sentía menos ligado a nosotras, pero mi mamá y yo éramos las mejores amigas. Creía que sería así hasta que fuera viejita, pero ella murió cuando hace cinco años, cuando yo tenía 20.
Muchas personas le dijeron que yo estaba todavía muy joven, pero ella se sentía insegura: yo había sido la consentida y ella no creía que yo fuera capaz de valerme por mí misma.
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Yo tenía un novio para ese entonces, era, en apariencia, el hombre perfecto. Ella lo veía así y aunque yo le veía sus defectos, las mujeres tenemos la tendencia a dejar pasar muchas cosas.
Mi mamá lo hizo con mi papá y algunas veces me decía que no me preocupara, que los hombres tenían siempre sus cosas, que lo importante es que yo tenía mi herencia -la que nos había dejado mi papá- y tenía a mi hermano.
Pasó apenas un año desde que ella murió cuando lo descubrí todo, con su ayuda. Durante una semana, mi mamá estuvo “visitándome” en mi apartamento.
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Todos los días me despertaba a las tres de la mañana -dicen que esa es la hora en la que pasan todos estos eventos paranormales- y yo sentía en mi interior que algo me incitaba a caminar hacia la sala, donde mi esposo dejaba cargando su celular.
Yo era una mujer muy confiada. Tranquila, jamás le revisé el celular a mi esposo ni le esculcaba. Me parecía muy de mal gusto. Pero algo me decía -yo creo que mi mamá- que revisara el celular.
Era domingo. Hacía muchísimo frío, algo inusitado para el área en la que vivimos. Otra vez me levanté a las tres de la mañana, pero el impulso por ver el celular de mi esposo fue demasiado fuerte.
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Yo sabía que él le tenía clave aunque yo no era celosa, entonces dije, bueno, imposible adivinarla, pero para mi sorpresa, “mi mamá” lo había desbloqueado. No sé por qué, yo siento que fue ella.
Me di cuenta de que tenía doble WhatsApp porque le había llegado un mensaje a otro número completamente distinto para mí. No era el que yo y mi familia le conocíamos. Entonces supe que algo extraño estaba pasando.
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Abrí el mensaje: era de una mujer que le preguntaba finalmente cuándo se iban a “volar” con la plata de “esa vieja”. Quise llorar y gritar, pero mi mamá me dio fuerzas. Como pude me recosté en la cama, al lado de él.
Con mi hermano, pero él tenía todo tan bien guardado que tuvimos que contratar un detective privado. Lo descubrimos, él, obviamente, se escapó para Europa.
Todavía le estamos siguiendo la pista.Pero a mí la plata no me importa, ahora estoy tranquila porque sé que estoy rodeada de gente que sí me ama y sé que mi mamá me cuida desde el cielo, que ella está pendiente de mí. Sé que no dejaría que me pasara nada malo y mi amor por ella sigue tan intacto como siempre. Te amo mamá.
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